En el nombre de Dios
Ahora Dios se llama Gutiérrez. Bastó un taconazo del rubio mediocampista de Torrejón para someter a las hordas mediáticas filomadridistas. Tal es el poder del nuevo dios blanco.
El taconazo fue magnífico, sí, fue una coz inesperada, sublime si se quiere pero también fue arriesgada. Depende de cómo incluso cobarde. Guti pudo finalizar, el 99% de los delanteros tratan de finalizar en esa posición pero él, adicto a la provocación en todos los sentidos, consideró que Benzema llegaba mejor y le regaló el gol, o la patata caliente.
Sea como sea, el detalle de calidad del recuperado astro del Real Madrid saca a relucir todas las carencias que vive hoy por hoy el madridismo. Se agarran a la primera manifestación de magia o de excelencia para sacar pecho futbolero.
El detalle de Guti pasaría como uno más en un entreno del Barça. El Camp Nou está harto de ver controles imposibles de Iniesta, eslaloms de Messi o pases con el cogote de Ibra. Y no se llenan portadas con ellos.
La aventura de Guti pone de relieve la necesidad del madridismo de demostrar que su fútbol también puede ser galáctico, como las fichas de sus jugadores, como el juego del Barça. Y si encima la manifestación divina proviene de uno los 3 canteranos/veteranos que les quedan, la cosa se endiosa todavía más. Es curioso pero en esa comparación constante viven. Gracias a Dios, o mejor dicho, gracias a José María Gutiérrez Hernández, el fútbol es mucho más que un taconazo…
Mañana se juega la gran final del Mundial 2010. Holanda o España se coronarán en Sudáfrica, sede de un evento que, finalmente, ha vuelto a ser mágico. El campeonato empezó con algunos partidos rancios, pocos goles y menos espectáculo. Los desvaríos del Jabulani y el coñazo de las vuvuzelas no ayudaron a seducir a nadie pero el nivel futbolístico fue yendo a más y ya podemos afirmar que en Africa quedarán muchas cosas para el recuerdo.

En la película
Parece que el marcaje de Chico a Xavi en el último Barça-Almería (1-0, golazo de Pedro) ha marcado un antes y un después en la historia de la táctica. Hasta Hugo Sánchez, hombre que no necesita mucho para autoelogiarse, pidió con énfasis “que respeten mi patente”.